jueves, 9 de febrero de 2012

José Nicanor Heredia Bustillos (†) Cronista de Guacara

Una de las personas que siempre recordaré con muchísimo afecto es a mi abuelo José Nicanor. Un hombre lleno de humildad, constancia, cariño, inteligencia y humor. Un hombre con el que daba gusto conversar, siempre dispuesto a atender a todos, a colaborar y a ofrecer interesantes crónicas, relatos e historias de nuestra Venezuela. Un hombre que representaba idealismo pero que tenía los pies bien puesto sobre la tierra, un hombre de valores, principios, poesía, en fin, un hombre como pocos.
Mi abuelo nació el 9 de octubre de 1912 en Acarigua, estado Portuguesa y sus padres fueron Rafael Heredia y Rosa Bustillos. Estudió primaria entre Acarigua, Valencia y La Victoria, y el bachillerato en la Academia Bolívar de Valencia.
Su primer matrimonio fue con Bertha Gómez, unión de la que nacieron mi papá Rafael Ramón y mi tía Rosa, lamentablemente la abuelita falleció. Contrajo nuevas nupcias con Nelly Gertrudis Guevara de la que nacerían mi tío Guacaipuro y mi tía Nelly Venezuela, nombres que para él resumían el amor por sus antepasados indígenas (pues siempre aseguró ser descendiente del cacique Guacara) y por la patria que lo vio nacer. Pero por cosas del destino mi segunda abuela también pereció. La verdad no recuerdo nada de ellas, pues una murió cuando no había nacido aún y la otra cuando tenía como cuatro años de edad.
José Nicanor llegó a Guacara en 1936 y con los ahorros adquiridos durante su trabajo en el Instituto Venezolano de Petroquímica compró la casa a la que denominó Mis madrugadas en la Petroquímica. Allí vivió hasta el día de su muerte. En la casa aún viven mis tíos y al visitarla se siente un aire de placentera nostalgia, una sensación de inalterabilidad en el tiempo, una retahíla de gratos y hermosos recuerdos que son difíciles de explicar.
En 1938 fue electo secretario del Concejo Municipal y sería el encargado de levantar la primera acta durante la transición del general Eleazar López Contreras. Durante el ejercicio de sus funciones se encargó de organizar el archivo.
Pero fueron muchos los oficios que realizó durante su vida, entre ello: secretario de la prefectura, empleado de comercio, cobrador en bicicleta, tenedor de libros, comisionado de anuncios de El Carabobeño, locutor y cronista espiritual de Guacara. En 1988 sería nombrado cronista oficial de la ciudad por la Cámara Municipal.
Mi abuelo pasó muchas horas sentado frente a su escritorio con las manos sobre la vieja máquina de escribir que nunca sustituyó. Allí escribía sobre historia, política y poesía. Era un gran poeta y un excelente recitador. De allí que más de uno se acercara a la casa a escucharlo declamar, era de verdad, maravilloso. Aún recuerdo una larga poesía que me regaló en mis 15 años y que me la dedicó y declamó delante de todos, me hizo sonrojar pero también enorgullecer.
Lamentablemente el de de 2002 se marchó sin saber que había dejado una gran huella entre familiares, amigos, vecinos y lectores. Sirva este artículo para reconocerle, al menos un poco, de lo mucho que nos dio.

NOTA: En la actualidad existe una escuela, un premio municipal y una parroquia con su nombre. Gracias a todos aquellos sin distinción política por darle valor a su trabajo, constancia y dedicación.

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