Viva el Rey

Corría el año 1808 cuando Napoleón invadió España y colocó a su hermano José en el trono. Los españoles por su parte crearon la Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino que tenía como misión asumir el poder del Estado ante la ausencia del rey Fernando VII.

Estas noticias llegaron a la provincia de Venezuela y generaron gran expectativa entre los habitantes, quienes esperaban ansiosamente tener cualquier información de lo ocurrido en la metrópoli española. Todos querían saber cuál era el destino de su Rey y cuál sería el destino de las colonias americanas.

No fue sino hasta el mes de julio, cuando por fin llegó un comisionado de la Junta Suprema de Sevilla para explicar lo sucedido e informar las medidas que se habían tomado y las que se tenían que tomar. Escuchado el asunto, el Capitán General comenzó inmediatamente a trabajar para mantener el orden de esta provincia y asegurar la fidelidad de los vecinos hacia Fernando VII y la Junta Suprema.

Unos meses después comenzaron a llegar diversos impresos con discursos, proclamas y leyes. Algunos comentaban las cosas ocurridas, las ideas surgidas y las opiniones sobre tan lamentable hecho. Otros, como la Gazeta de Madrid, contenían documentos trascendentales como la copia del acta de instalación de la mencionada junta. A partir de allí, comenzaron una serie de actos cuya finalidad era informar, festejar y orar por el Rey depuesto.

Para dar inicio a estos importantes actos, se ordenó hacer un repique general de campanas, que por una hora, recordaron a los pobladores el apoyo que debían brindarle a su amado Rey bajo estas terribles circunstancias. Luego, y con la intención de hacer solemne la jornada, se hizo una salva general de artillería en las plazas de Puerto Cabello, La Guaira y demás provincias subalternas. Además, se publicó un bando para difundir tan importante suceso y poner al corriente a la población de todo mandato que debía ejecutarse.

Las principales casas se iluminaron y se organizó una fiesta solemne en la iglesia metropolitana de Caracas (Catedral). Posteriormente y en la misma iglesia, se inició una oración pública que duraría varios días para implorar por los auxilios de Dios todopoderoso en favor de la felicidad de las almas españolas y por el regreso del amado Fernando VII al trono.

Según cuentan algunos testigos, eran pocas, poquísimas, las personas que se alegraron con la desgracia del monarca, por el contrario, una inmensa mayoría dio vivas al Rey, manifestando su emoción y entusiasmo ante la formación de la junta y la esperanza de su pronta vuelta al trono.

Fuente: Archivo Histórico Nacional de España.

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